La Fuente de la Casa de la Familia Molina
En la década del 20 del siglo pasado se construía la casona, casi al pié del cerro San Javier.
Una doble hilera de palmeras, que aún hoy existen integradas a un complejo comercial, señalaba el camino de entrada y grandes árboles de la región cubrían un jardín rosaceleste de hermosas hortencias.
La fuente semejaba una saliente rocosa de la montaña...y por una grieta el agua salía a borbotones; en mi imaginación infantil... cantarina y fresca, hasta llegar a un pequeño lago construido con piedras que se integraba plenamente al exuberante entorno.
Detenernos y estar allí un tiempo para admirarla y llevarme algún secreto que descubría al hundir mis manos en el agua, era mi mayor anhelo al volver los domingos a casa luego de un paseo por el cerro.
La década del 90 trajo un nuevo dueño que anunció un destino diferente para la propiedad. La esperanza de renacer luminosa y participar para siempre del bullicio social, se transformó en un silencio de angustia en el añoso jardín.
Todos los deseos de trasladarla para su reubicación y conservación no pudieron con la realidad de la estructura y los materiales con los cuales había sido creada..
¡Y fue demolida!
Murió destruida a golpes. Ver y sentir como un eco en el alma cada mazazo fue muy doloroso para todos.
Este sentimiento en los habitantes de Yerba Buena se manifestó fuertemente y sin descanso para proteger sus bienes culturales en riesgo de igual fín.
Así fue rescatada la casa de la Familia Molina que es, en la actualidad, junto a otras propiedades que pertencen al paisaje original de Villa Marcos Paz, Patrimonio del Municipio de Yerba Buena.
Duele buscar con la mirada
y descubrir ausencias
en espacios transformados.
De tiempo en tiempo
recuerdo
la vertiente
al descender
de la montaña
y el cuerpo
alado
unido
a la roca
presta
el alma
al vuelo
al poder
del naciente
y en mí
la magia
de gozar
los sonidos
que vierten las alturas
en el viento
en islas
que navegan
en la ventura
de una osada travesía.
Mariana Lieb
Mayo 1998
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