sábado, 17 de marzo de 2012
Cuadros
La sentía crecer...
y me sumergía
entre el temor y el asombro
cuando allí, se alzó la pared
erguida, adornada,
cada uno de sus ojos
prolongaba en el otro
una alineada continuidad.
Una expresión tras otra
se imponía en vocablos
al silencio,
hasta el final,
abstrayéndome.
Fue la última palabra
convertida en flor
sujeta en su realidad
solitaria
colgada
enmarcada
la que emitió el sonido
crujiente
que interrumpió la transferencia.
Retrocedí interrogante
entre figuras de colores densos
agolpados
para aferrarme
instintivamente
al primero de los planos grabados.
Asida
al primario equilibrio
extendí mi brazo
hasta el extremo opuesto
conformando un círculo.
La recta
y aquel fin ajeno
desaparecieron.
Mariana Lieb
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