martes, 10 de julio de 2012

VII Los Gigantes Si te digo...



Te cuento siempre la misma historia
de una infancia
luminosa
con canteros bien cuidados
de una huerta
abundante y gloriosa
donde gorriones y palomas
compartían
los correteos y los vuelos con los niños
las aventuras trepados y escondidos
en la copa de los árboles
las flores doradas
y las margaritas
el mantel tendido a las 12
al sol
para llenarlo de cosecha
y sembrar en los rostros
la forma y los colores 
de una alegría.

Te cuento siempre la misma historia.

Si te digo
que no conocían
la sombra de la historia
te miento.

Autor: Mariana Lieb

domingo, 8 de julio de 2012

VI Los Gigantes La Vida



La vida es
el cielo engendrado.
El cielo exquisito, espléndido
eterno.
El cielo engendrado
en el fuego del sol.
Y envuelto en radiante luz
protege el fruto
inmortal
abraza y abriga el corazón
en su hija, la tierra,
longeva junto a las estrellas,
navegante,
embarcando espacios
en su infinito mar.
Cuando el cielo siente
la vida latir en sus entrañas
amarra los nidos
entre las ramas
y sujeta con un cordón de plata
en el abismo de su vientre
el árbol.

¡No será el tiempo impredecible
ni la tormenta añosa
quien haga sucumbir sus sueños!

Autor: Mariana Lieb

domingo, 1 de julio de 2012

Ser y Estar I



Siempre se negó
Nunca quiso ir al infierno
¡Tan pequeña y frágil...!
Tratando de huir
caminó y caminó
por la cornisa.



Autor: Mariana Lieb


Entre las almas un eco de ausencias



Un piano lejano
imprime en las teclas
las notas agudas
que repican nítidas
en el silencio
y un bosque de crucificados
engendra un eco vocalizado
que las contiene
mientras fluyen
transitan
entre tantas almas
que soportan hasta los huesos
las ausencias
¿Quién escribe las historias?
¿Quién guarda la llave de la memoria?
Y el frío en los dientes llegó
amargo en la boca
en la sensación metálica
metal exprimido, comprimido
sustancia de metal
¡locura del fuego al modelar el recuerdo!
y aquel bosque de ojos y lágrimas
enclavado en las miradas
contempla la rigidez de la oscuridad
la oscuridad encerrada
en aquel entramado de claustros
donde convergen extraviadas manos
sin nidos  ni ríos de leche
que amamanten el agudo latido
latido que retumba
en los descarnados pechos
en los cuerpos enraizados.


Autor: Mariana Lieb
2012