Sin pausa
los ladridos de la jauría
saltan por la pupila
y participan la muerte.
Incontenible
el aliento de las cavernas
alborota
los graznidos en el pico
y la negrura en el plumaje.
Un temblor
desgarra las gargantas,
por las grietas,
vibra en las cuerdas,
brota el alarido
y levanta vuelo.
Mariana Lieb
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