domingo, 1 de abril de 2012
Amaneceres de Infancia
Puedo verlas
Puedo sentirlas
Me rodean las presencias
me abandono en ellas
giro, giro dejándolas entrar
las contengo.
Nunca podré olvidar el contacto
en las raíces de añejos troncos
los primeros trinos...encantados
las montañas ...azules,
donde buscaba tesoros,
donde mi alma al volar...soñaba.
De vez en cuando
buscaba con la mirada
entre la enmarañada hojarazca
para ver
el sentido grabado
y las razones expuestas
en la hora del retorno
el lugar indicado
y aquel corazón confiado
de brazos extendidos
que me lanzaba
mirando arriba el camino del sol.
Siempre ardía el viento
en la piel
la herida
en la espesura
y el latido me devolvía
expandida en el espacio.
El Río Lules y las montañas azules en la Quebrada
Mariana Lieb
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